José López Rubio

José López Rubio (Oviedo, 1973) Estudia en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra (Universidad de Vigo, 1992-1997) especializándose en el campo del diseño y la creación artística audiovisual explorando nuevos lenguajes de creación. Completará su formación con el curso de Comisariado de Exposiciones de Espacio Plano B (Barcelona 2015) así como con cursos sobre sociología y cultura contemporánea en diferentes universidades españolas.

Su producción artística, de marcado carácter social, utiliza la performance, la acción y la instalación para hablar, denunciar y exponer temas que conciernen a la sexualidad, el género, el cuerpo, las minorías y la relación entre arte y moda desde el lenguaje del Arte Público, utilizando la estética como herramienta e implicando al espectador no sólo en la recepción del mensaje, sino también en el desarrollo del mismo.

Actualmente dirige el colectivo multidisciplinar House of Play desde el que reflexiona y denuncia problemáticas contemporáneas desde el Arte con un objetivo claramente reivindicativo. Es habitual de festivales, ferias y encuentros artísticos (Noche Blanca, Arte Oviedo, Semana “Al Norte” Arte Contemporáneo, G.I.A.F …) exponiendo de forma individual o colectiva.

It´s my party! · ¡Es mi fiesta!
(performance)

La performance explora la relación entre lo privado y lo público en la realidad LGTBIQ+ e incide en el momento en el que esa frontera se difumina dando paso al germen de una reivindicación social que rebasa lo personal, el caso particular, para mostrar al individuo comprometido, alejado del temor a crecer y madurar de la Perséfone clásica, que lucha por las necesidades de un colectivo, exige su espacio social y unos derechos universales…

 

La figura del performer, un bailarín de formación clásica, empezará una danza gestual no coreografiada dentro de una superficie rectangular rellena de confeti construida en una de las salas diáfanas del edificio con el objetivo de difuminar sus márgenes, de borrarlos, de destruirlos.

Dicha superficie tiene una lectura dual para reforzar el significado final de la obra. Por un lado su proporción (12 metros cuadrados) refleja la dimensión recomendada para una habitación media en el campo de la Arquitectura, lo que nos lleva al terreno de lo personal, lo privado, lo secreto, el refugio…

Por otro lado, el rectángulo funciona como pista de baile improvisada, ágora por excelencia desde mediados del siglo XX y espacio social democratizador donde conviven razas, religiones y clases sociales, plataforma pública desde la que visibilizar el yo. Los limites desaparecen, los armarios se abren y surge el cuerpo político, principio y objetivo final del movimiento reivindicativo.

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